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La Chingada…

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Isael Petronio Cantú Nájera

Es curioso pero ese mítico lugar se encuentra más acá de lo que esperábamos. La polivalencia del término tiene que ver con ese desarrollo neurótico del mexicano ante una brutal colonización y la violación de la madre primigenia: la violada, la rota, la de poco valor… ¡La chingada!

Octavio Paz, en su Laberinto de la Soledad, con agudo bisturí abre las capas de la psique del mexicano y descubre en toda su expresión ese afán contradictorio entre el ser y el hacer del mexicano, la dualidad entre: Chingón versus Hijo de la Chingada.

El tema se nos presenta a pelo con la 4ª Transformación y la declaración Patrimonial y de Intereses que AMLO ha presentado ante los medios y donde da a conocer su quinta, ubicada en Chiapas: La Chingada… que ha pesar de la vergüenza que usualmente se siente al reconocerse en ella: ahora queda expuesta al escrutinio público.

Por el tamaño del predio (12 mil  metros cuadrados) bien podemos decir que su dueño no es un chingón terrateniente y por el contrario al exhibirlo, no podrá acrecentarlo por medio de la corrupción y algunos dirán: ¡Ya se chingó!

Pero en realidad, al cumplir con la Ley General de Responsabilidades Administrativas (Art. 32 y 33) y hacerle la publicidad necesaria se rompe con la secrecía que le ha permitido al antiguo régimen y sus personeros robarse de mil modos el erario. El último caso es el de Peña Nieto que negó que se diera a conocer sus bienes con los que dejaba la presidencia, por lo que estoy que me lleva la chingada… pero bueno, ya se fue.

Para todos resulta obvio que el año que comienza no es fácil y que las metas del cambio prometido están muy lejos, más allá de la quinta de AMLO y que resulta necesario hacer un esfuerzo brutal para que el país avance y reconstruya un nuevo Estado justo, social, democrático y de derecho y creo que el rumbo se está aclarando: aumentó el salario mínimo; disminuyeron los salarios oprobiosos de la alta y muchas veces corrupta burocracia; se quitaron los privilegios carísimos de seguros particulares; y aunque aún no está claro que tan eficaz será la Guardia Nacional en su tarea de disminuir la delincuencia (obviamente otras políticas públicas de corte social tienen que implementarse en paralelo) la convocatoria a los jóvenes mujeres y varones, puede dar un respiro ante las policías impactadas por el narco… pero eso no es lo mejor, sino el ambiente de exigencia ciudadana que está floreciendo en todo el país para que los “políticos” cumplan con la ley y no se roben los bienes de la nación.

Las redes sociales con su postverdad o verdad, la prensa prehistórica y moderna, el debate en el congreso ante la vieja sumisión frente al ejecutivo en turno, los spots oportunistas de los partidos “exigiendo” que ya se haga el cambio o se acabe el gasolinazo, son signos de los tiempos que estamos viviendo: no todo está de la chingada.

Cuando hemos planteado la necesidad de la construcción de un nuevo Estado, lo hicimos frente a las deficiencias que los gobiernos de la derecha PRI-PAN y su cófrade PRD, hicieron de él: un Estado fallido por la corrupción galopante, el abandono de la seguridad pública ante los narcos, el desprecio y sobrexplotación del trabajo y los más de 60 millones de pobres que sobreviven en el país.

Todo ello no habría sido posible sino hubiese imperado, como una gran monstruosidad, la corrupción en la administración pública, no solamente en el poder Ejecutivo, sino en el Legislativo y el Judicial y las iglesias.

Con razón, en el ánimo del votante del primero de julio, en su pensamiento y en la reclamante voz de la ciudadanía, se escuchó decir claramente: ¡Estas chingaderas se tienen que acabar!

Ahora sin duda, traer a La Chingada al foro público y decir que es casi un Edén porque su dueño siembra árboles maderables, frutales y que está ya repartida entre sus hijos, nos permitirá sin duda, hablar sin vergüenza de ella y redimirnos como ciudadanos no colonizados, sino con plenitud, exigiéndole al presidente en turno que si hace chingaderas se lo va a llevar: ¡La Chingada!

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